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Santa Catalina Labouré

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La niña Catalina Labouré

Fue en 1806 cuando una preciosa niña de ojos azules nació en una aldea de Borgoña, se llamaba Catalina Labouré, la que sería años más tarde, la vidente de la Virgen de la Medalla Milagrosa.

Su familia trabajaba en el campo, eran campesinos con raíces cristinas. Catalina era la novena hija de once hijos que tuvieron sus padres Pedro y Luisa Magdalena.

En 1815 cuando Catalina tenía 9 años, su madre falleció a los 46 años. Un día, triste y desamparada en su casa, Catalina Labouré acercó una silla a la imagen de la Virgen y le dijo: “En adelante, tú serás mi única madre”.

La hija mayor, María Luisa, tuvo que hacerse a cargo del hogar de los Labouré, mientras los más pequeños, entre ellos Catalina, se marcharon una temporada a la casa de su tía Margarita en el pueblo de Saint Remy volviendo a su hogar a finales de 1817.

Catalina, el 25 de enero de 1818 tomó su primera comunión, y poco a poco fue interiorizando su fe y sus experiencias religiosas.

A sus doce años tuvo que sacar para adelante el hogar de los Labouré, pues su hermana María Luisa, con 22 años, se marcharía de Hermana de la Caridad, tras el consentimiento de su padre, al que no le quedó más remedio que buscar entre sus hijas a la más idónea y responsable para realizar las tareas del hogar.

La joven Catalina con 14 años, era alegre y madura, trabajadora y fervorosa, vivía entre las tareas de la casa y los quehaceres de la granja.

La visión de san Vicente de Paúl

A esta edad tuvo un sueño peculiar. Soñó que estaba en una misa en la capilla y que cuando terminó la celebración, el sacerdote la llamó, pero ella retrocedió y se marchó a atender a un enfermo. Mientras atendía al enfermo, apareció de nuevo el mismo sacerdote, el cual le dijo: “Es bueno el cuidado de los enfermos; aunque ahora huyes de mí, un día te sentirás feliz de encontrarme y de seguirme”. Un sueño que Catalina no llegaba a entender todavía.

Pasó el tiempo, y a sus 18 años Catalina viajó una temporada a la población de Chatillon, al pensionado de su prima. En Chatillon visitó una casa de las Hijas de la Caridad, donde se dio cuenta de que el rostro del sacerdote de su sueño estaba retratado en un cuadro, se trataba de san Vicente de Paúl fundador de las Hijas de la Caridad.

San Vicente de Paúl
San Vicente de Paúl

La vocación de Catalina Labouré

En 1826, Catalina ya tenía claro su vocación religiosa, pero esperaría un año más para decírselo a su padre, que reaccionó con rotundo rechazo y la envió a París a ayudar a su hermano Carlos.

A los 22 años y cuando su hermano ya no precisaba de su ayuda, dejó París y volvió al pensionado de Chatillon-sur-Seine, donde tuvo oportunidad de formarse mejor.

El 22 de enero de 1830, Catalina Labouré entra en el postulantado de las Hermanas de la Caridad, donde se forma cristianamente, conoce la comunidad, aprende a servir a los pobres y comprueba si la vocación escogida es una verdadera llamada de Dios.

Catalina por entonces, tenía 23 años y tenía buena devoción y buen carácter, era una persona alegre, inocente y pura, con fuerte temperamento pero con un gran amor a su trabajo.

El 21 de abril, tras haber concluido su postulantado, comienza el noviciado en las Hijas de la Caridad en la calle del Bac en París, a pesar de ir contra la voluntad de su padre. Y poco a poco fue cumpliéndose su sueño, pues ya se encontraba siguiendo a san Vicente de Paúl.

En el noviciado, dispuso de tiempo para la oración, cosa que en su aldea y entre tantos trabajos del hogar no podía encontrar. Y se dedicó a ella intensamente.

A sus 24 años y en los primeros meses de su noviciado tuvo diversas experiencias extraordinarias: contempló el corazón de san Vicente de Paúl sobre el relicario en distintas ocasiones y cada vez bajo un aspecto distinto. También en otras ocasiones, en momentos de la Eucaristía, contemplaría a nuestro Señor frente al Santísimo Sacramento.

Las Apariciones de la Virgen María

Sin embargo, su primera experiencia relevante, no tuvo lugar hasta la noche del 18 al 19 de julio de 1830, noche en que vio a la Virgen María en la capilla, aparición que duraría dos horas y media y en la que la Virgen le diría cómo actuar ante las adversidades que se avecinaban.

Si la primera aparición de la Virgen María a Catalina Labouré fue relevante, la segunda, lo sería mucho más.

El 27 de noviembre de 1830 sucedió la segunda aparición de la Virgen a Catalina Labouré mientras rezaba, y en esta experiencia, la Virgen le encomendó la acuñación y propagación de una medalla según lo que allí estaba presenciando. Medalla que más tarde sería conocida como la medalla de la Milagrosa, y que según las palabras de nuestra Madre, a través de ella derramaría gracias y beneficios a quienes la lleven puesta y se lo pidan con confianza.

santa catalina de laboure

Un mes después, en diciembre, Catalina experimentaría la última de estas experiencias, en la que la Virgen le diría que ya no la vería más, sin embargo, la encontraría siempre mediante la oración.

La vida de santa Catalina Labouré y la Medalla Milagrosa

historia de Catalina de Laboure y la medalla milagrosa

El 30 de enero de 1831, Catalina toma el hábito de Hermana de la Caridad y es destinada al hospicio de Enghien, donde sirvió y cuidó a pobres ancianos hasta su muerte.

Catalina confesó al padre Aladel las apariciones y los propósitos de la Virgen sobre la Medalla Milagrosa, pero el padre Aladel al principio desconfió de Catalina, diciendo que eran ilusiones y sueños que ella había tenido.

Gracias a su carácter y tenacidad, Catalina consiguió que el padre Aladel acuñase la Medalla la cual se propagó rápidamente gracias a los milagros y gracias que otorgaba.

Catalina le pidió al padre Aladel, su único confesor, que no revelara su identidad y así poder permanecer en el anonimato y dedicarse a sus tareas y quehaceres diarios.

De este modo, a pesar de que todo el mundo quería saber quién era la vidente de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa, Catalina logró permanecer en el anonimato hasta el fin de sus días pues “La Virgen era la importante, no la vidente”. Hasta posteriormente a la muerte de Catalina el 31 de diciembre de 1876 no se dio a conocer su relación con las Apariciones de la Virgen Milagrosa.

Así transcurrió la vida de Catalina Labouré, en silencio, sin ningún tipo de autopromoción, escondida del ego, sin buscar ninguna gloria, dedicada al cuidado y atención de los enfermos. ¡Qué humilde y sencilla era Catalina!

Su cuerpo fue exhumado 57 años después de su fallecimiento durante el proceso de beatificación del papa Pio XI en 1933. El cuerpo de Catalina Labouré se encontraba incorrupto y fue colocado en una urna de cristal con hábitos nuevos. Hoy día puede ser visitada por los peregrinos en la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en la Rue du Bac, París.

Por último, el papa Pío XII la canonizó en 1947, siendo el día de santa Catalina Labouré el 28 de noviembre.